El mar en su esencia, en cada bocado. Una anchoa limpia, carnosa, tierna, tersa, con una textura y un sabor inconfundibles, en su punto justo de sal. Todo ello gracias al tesón y esfuerzo originarios de Emilia Fuentes Ruiz, firme baluarte de Conservas Emilia, empresa familiar santoñesa fundada a finales de la década de los 80 con el “objetivo de relanzar la fabricación artesanal tradicional de la anchoa del Cantábrico para ofrecer un producto final de altísima calidad”.
Profunda y arraigada tradición conservera que siempre comienza a tener carta de identidad en la campaña de primavera, mejor época para su captura puesto que es cuando tiene mayor contenido graso. Siguiendo las voces expertas de la compañía, “cuando llega a la fábrica se procede al descabezado y eviscerado a mano para luego
introducirlo en barriles formando capas de pescado y sal hasta completar cada barril. Sobre los barriles se colocan varias prensas que comprimen la anchoa, ésta expulsa agua y junto con la sal se inicia el proceso de maduración. Este proceso dura alrededor de un año».
Posteriormente, la pesca se lava para quitar la sal y se exprime para eliminar el exceso de humedad. Una a una, se recorta la cola, se separa en dos lomos, se quita la espina central y se eliminan todas las espinas. Esto lo hacen manos expertas y en ese momento están listas para envasar en los diferentes formatos, añadir el aceite y cerrar.
Artesanía que en la serie Oro se ha visto recompensada en tres ocasiones. La última reconocida como «Mejor Anchoa Cata 2019» por la Cofradía de la anchoa de Cantabria, en una cata-concurso a ciegas.
“Las mismas manos que saben cuidar del bonito del norte de
anzuelo, trocearlo y envasarlo en botellas de cristal para que, en aceite de oliva o escabeche, conserve el sabor y la textura natural de su carne. Siempre con tiempo y máximo cuidado”. Y por supuesto una sabrosísima pata de pulpo cocida en su jugo, con una deliciosa textura… a lo que hay que sumar un amplio surtido de riquísimos patés.
