En plena ‘rentrée’, nos escapamos a la meseta toledana para conocer el proyecto de Más Que Vinos en su firme empeño por una viticultura sostenible y la recuperación de variedades autóctonas tan seductoras como la malvar, a punto de extinción.
Si ya estábamos entregadas a la causa por la meticulosa curiosidad enológica del trío hispano-alemán formado por tres entrañables amigos como Alexandra Schmedes, May Madrigal y su marido Gonzalo Rodríguez, la visita a la bodega Más Que Vinos en plena efervescencia de vendimia, arropada por una singular cata de buena parte de sus vinos más icónicos con Alexandra como ‘maestra de ceremonias’, ha sido la excusa perfecta para entrar de lleno en la idiosincrasia de esta enseña que surgió a finales de la década de los 90 como empresa de asesoría enológica hasta fundar bodega propia, aprovechando las viñas familiares en el pueblo natal de Gonzalo, Dosbarrios (Toledo).
Cata en la que La Malvar de MQV 2025, blanco con fermentación espontánea del mosto en tinaja de barro con 10% de madre (uva entera) y dos barricas nuevas de roble francés, nos volvió a encandilar. Variedad autóctona de la meseta de Ocaña y de Madrid procedente de viñas de más de 50 años, plantadas en terreno calizo-yesífero a 750 metros sobre el nivel del mar. Una maravillosa ‘joya’, fresca, temperamental, ligera y muy gastronómica, con crianza sobre lías en barricas y tinaja con batonage semanal. Su producción es de 4.000 botellas.
Una vez más, ole y ole por ese Viña El Señorito de Ercavio 2022, vino de parcela 100% tempranillo (cencibel) plantada en 1990, procedente de la viña homónima ubicada en la finca de El Horcajo, la más caprichosa y complicada de cultivar, pero con una fruta magnífica. Con una crianza de nueve meses en barricas nuevas de roble francés, es un tinto emocionante, muy expresivo y armónico, sin aristas.
Y cómo olvidar otra proeza de la casa como La Plazuela 2020, cuya primera cosecha salió al mercado en 2004. Criado en la antigua bodega familiar La Plazuela del año 1851, y elaborado con 80% tempranillo y 20% de garnacha tintorera, con una crianza de 18 meses en barricas nuevas (80% roble francés y 20% roble americano) y otro año en ánfora (cono), es un tinto envolvente, sedoso, de franca tanicidad y persistencia, con gran potencial de guarda.
Sin perder de vista otro vino tan representativo como Los Conejos Malditos Tinto 2025 100% tempranillo carbónico, célebre por figurar en una de las escenas finales de la película Una batalla tras otra, dirigida por Paul Thomas Anderson, en la que Leonardo DiCaprio aparece bebiendo un vaso de este tinto, cuyo nombre apela a que sus uvas proceden de cepas que sufren las embestidas de unos conejos más que devoradores, cuya etiqueta ha sido realizada por el caricaturista estadounidense Dustin Harbin. Sin clarificar, sin filtrar, con sulfuroso mínimo, todo un golpe de rebeldía y jovialidad.





