¿Sabe igual un cocido madrileño completamente a ciegas? Pues ‘a todas luces’ ha quedado demostrado que no. El imperio de otros sentidos como el gusto y el olfato se magnifican en un curioso ejercicio sensorial en el que nunca ves lo que tienes delante para comer o beber.
Abrumados por algo tan sorprendente y, a su vez, inédito. Eso es lo que ha sucedido en esta cata a ciegas organizada con motivo del Día Internacional del Cocido, dentro del suculento marco de la 15ª Ruta del Cocido Madrileño. Un experimento fantástico guiado, y nunca mejor dicho, por el periodista y comunicador gastronómico Jonathan Armengol, junto con el inestimable apoyo de Hitcooking GastroMagazine con Carmelo Aunión animándonos en este empeño. Siete periodistas vinculados al mundo del vino y la gastronomía como Celso Vázquez, Víctor Collado, Katiuska Cadena, Cristina Cascallana, Alfredo López, Guillermo Domínguez y la autora de este post fuimos los ‘conejillos de Indias’ de esta cata llevada a cabo en un clásico en estas lides como Taberna de la Daniela, siguiendo en todo momento las directrices marcadas por Jonathan.
Como todo buen cocido, este se presentó en tres vuelcos adaptados de una forma muy práctica. Es evidente que el aroma de un cocido madrileño resulta inconfundible y su sabor desde principio a fin impregna nuestro paladar, pero realmente nunca había sentido nada igual ante un caldo de cocido con fideos, especialmente por su penetrante y riquísimo aroma, al igual que los garbanzos cuya salsa de tomates y cominos revolucionó completamente nuestras papilas gustativas. El tercer vuelco en forma de brocheta compuesta por morcilla de arroz, chorizo, morcillo y panceta resultó un pleno absoluto. Sorpresón ante las diferentes texturas.
Para maridar tamaña aventura, tres vinos de la D.O. Vinos de Madrid que en ningún momento solaparon los memorables sabores de este guiso tan castizo. El tinto crianza Dos de Mayo de Vinos Jeromín, seguido por dos acompañantes de lujo: el blanco de albillo real y el tinto Initio garnacha tinta de la bodega Las Moradas de San Martín. Experiencia inolvidable que sin lugar a dudas todos nos empeñamos en repetir.



