Recuperar variedades blancas tradicionales como palomino jerez, perruno, mantúo de pilas, doradilla o cañocazo y tintas como tintilla de Rota, melonera…elaboradas de manera irrepetible en botas de 36 arrobas que han contenido diferentes crianzas de jereces y mediante crianzas estáticas; sin pasar por alto otras variedades ‘extrañas en la zona’ como la petit verdot, syrah o pinot noir son el núcleo esencial del empeño de Santiago Jordi por extraer lo mejor de su tierra jerezana.
Bajo una clave, todas ellas están plantadas en diversos pagos del Marco de Jerez como Balbaína, Trebujena, Montealegre, Macharnudo… y mantienen un nexo común, el suelo de albariza. “El cambio climático y la propia historia nos brinda una segunda oportunidad que hay que saber aprovecharla”, subraya este gran conocedor de los vinos y suelos gaditanos, con una amplísima trayectoria profesional tanto fuera como dentro de estos contornos, ganador de la Nariz de Oro (2009) y en la actualidad presidente de la Unión Internacional de Enología.
El ansiado provecho toma carta de identidad en tres proyectos propios, originales, y valientes como Patrick Murphy, Hacienda La Quintería y Finca Los Pinos. Vinos únicos, complejos, distintos, provocadores, puro reflejo de una territorialidad y de una historia.
Como la historia de Patrick Murphy, granjero de origen irlandés afincado en Jerez desde 1730 y reconvertido en viticultor al adquirir no sólo viñas emblemáticas en la zona sino también el primer casco de bodega de lo que hoy es Pedro Domecq. Dado su gran saber de los entresijos del comercio vinícola en materia de burocracia y del tradicional envejecimiento en los puertos de destino, junto a su amigo Jean Nebot Haurie, por fin logra que los vinos se guarden antes de su venta en origen, adquiriendo el valor económico y cualitativo que otorgan las crianzas mixtas.
Santiago Jordi enarbola este proyecto que emprendió en 2015 siguiendo las pautas de antaño: vinos de pasto a partir de variedades autóctonas, con crianzas estáticas en botas de diferentes jereces. Una completa vuelta al pasado que se concreta en vinos naturales de portentoso carácter e “irrepetibles” de los que se embotellan tan sólo 500/600 botellas, como Patrick Murphy J. Cordero 2022 elaborado con la variedad perruno, procedente de viñas de 30 años del Pago Dulce en suelo de albariza de antehojuelas (de toscas densas y muy porosas), con una crianza oxidativa en botas de oloroso durante 12 meses (27€).
Patrick Murphy M. Lara 2020 elaborado con palomino fino de viñas de 80 años del Pago Añina en suelo de albariza de barajuelas (considerada históricamente como la más pura dentro de las albarizas), con crianza biológica en bota de fino durante 18 meses (28,50€). Y Patrick Murphy Bota Valentina 2017 con palomino fino de viñas de 30 años del Pago Macharnudo Alto en suelo de albariza de tosca cerrada, con crianza biológica en bota de amontillado a lo largo de 24 meses. Madurez y frescura al mismo tiempo (35€).
Hacienda La Quintería se sustenta en la elaboración a partir de varietales autóctonos y universales en los diferentes tipos de albariza de los pagos jerezanos, mediante la técnica del reinjerto de viñedos longevos. Un proyecto pionero en la zona en cuanto a su magnitud con un más que loable objetivo: transmitir la exclusividad de unos suelos milenarios a través de unos vinos excepcionales y sorprendentes en producciones muy limitadas. “Vinos tranquilos, dada la singularidad del suelo y su situación geográfica”, señala Santiago Jordi. Como, por ejemplo, Hacienda La Quintería Blanc de Noir 2022 con pinot noir de viñas de 12 años del Pago Añina en suelo de albariza lo que le aporta sapidez, lanzado en edición limitada a 1.250 botellas (17,30€).
Y por último, su proyecto más personal y querido, Finca Los Pinos, iniciado en 2018 para sacar partido a la singularidad del Pago de Montealegre con vinos tan especiales como Finca Los Pinos Assemblage 2020, ensamblaje de 50% tintilla de Rota y 50% syrah de cepas de 25 años plantadas en suelo de albariza de tosca cerrada y nódulos de caliza de hasta un 18%, con una crianza en barricas de roble francés de 18 meses, lanzado en edición limitada de 2.950 botellas (19,90€); o Finca Los Pinos Tintilla de Rota 2017, monovarietal procedente de viñas de 25 años, cuya crianza en barricas de roble francés se prolonga hasta los 26 meses. Sabor auténtico gaditano en edición limitada a 1.148 botellas (24€).
