A rotundas provocaciones como ser Reserva de la Biosfera, Destino y Reserva Starlight y candidata a Patrimonio Mundial de la UNESCO por sus talayots, también ha sido proclamada Región Europea de Gastronomía 2022. Y en esto Menorca también lleva todas las de ganar a tenor de la cena-presentación realizada recientemente en Madrid, en el Kitchen Club Orense.
Para empezar este lúdico y sabroso viaje, nada mejor que el Primer Premio Nacional 2020 Alimentos de España, un brou menorquín sobre pan payés frito, relleno de carne de vedella vermella (ternera roja autóctona menorquina), porc negre, sobrasada y su mahonesa, elaborado por el chef Lucas García, director gastronómico del grupo Moga; y maridado con un elegante y delicado blanco como Torralbenc chardonnay 2019, con crianza en barrica durante 14 meses.
En esta hedonista travesía no podía faltar su legendaria caldereta. En esta ocasión, Francisco Ramírez-Amano (socio fundador del restaurante Amano Menorca) presentó una exquisita caldereta de pescados de la costa con mejillones de Mahón, gamba roja y rape, maridada con un persistente y fresco Malvasía 2018; seguida por un más que sorprendente ‘Bikini de Ciutadella’, obra también de Lucas García, que encerraba un meloso de carrillera de vedella vermella con crujiente de ensaimada, queso semi de Mahón, demi-glacé de vino tinto Binitord y toffe de avellanas de Sant Joan, maridado con un tinto tan mediterráneo como el Binitord tinto coupage (cabernet, merlot, syrah, tempranillo y monastrell).
El pastelero menorquín Tolo Sintes (Ca’n Sintes Artesanos) hizo gala de su técnica e imaginación con el postre denominado ‘Monte Toro Menorca’ en homenaje a la montaña más alta de la isla, compuesto por una base de tortada de almendra con yema quemada, mahonesa de limón de Menorca al gin xoriguer, espuma menorquina con cristales de caramelo, gelatina de hierbas Biniarbolla, y tierra de chocolate con sobrasada, miel y sal menorquina. Un mar, tierra y montaña como broche de oro para una experiencia sensorial irresistible. No nos cabe la menor duda de que Menorca está para comérsela entera.
