Tras diez años de andadura, va camino de convertirse en una institución. ¿La razón? Nada más entrar en Materia Prima, empieza el espectáculo al encontrarte frente a un mostrador con magníficos pescados y mariscos de las costas onubenses y gallegas; sin poder apartar la mirada del escaparate contiguo con un tentador recital de carnes de La Finca, conocidas como ‘la carne de la felicidad’.
Ya puestos, con todas tus papilas gustativas en plena euforia, seleccionas qué quieres y decides la cantidad. Por ejemplo, 100 gramos de camarones, tres gambas a la plancha, un puñadito de berberechos, dos lobitos, un entrecot… Te lo pesan y listo para cocinar a tu gusto (a la plancha, parrilla, horno o a la sal).
Detrás de este genial empeño se encuentra Ricardo
Garrastazu quien, hace una década, en unas vacaciones por la costa andaluza se encontró con un pequeño barcito/restaurante donde la hija de un pescador ofrecía todos los días lo que su padre había pescado de madrugada. Más sencillo imposible: del mar a la mesa.
Y así fue como decidió trasladar esta tentadora propuesta a Madrid, surtiéndose principalmente de las lonjas de Isla Cristina, Ayamonte y Sanlúcar de Barrameda, a fin de conseguir excelente calidad a un precio lo más ajustado posible.

En los fogones el chef Gonzalo Barruetabeña, quien se mueve como pez en el agua entre el sargo, los lobitos, la urta, lubina, rodaballo, atún rojo, camarones, alistados o la gamba blanca para ensalzar los sabores y aromas de esa extraordinaria materia prima.
Tampoco conviene perder de vista en plan suma y sigue otras propuestas tan apetecibles como sus boletus con yema de huevo, ibérico y foie; el tiradito de pez limón con yuzu y soja o el socarrat con gambas de Huelva y vieiras.
De postre, hay que prepararse para dejar el pabellón bien alto ante tamañas provocaciones, desde la tarta de queso y el tocino de cielo hasta su inolvidable maceta de tiramisú o la torrija caramelizada. Qué mejor broche de oro para tan riquísimo despliegue de tentaciones.
Precio medio: 50€
