Apartado del mundanal ruido, se encuentra este idílico edén colmado de plantas, árboles y luz natural que traspasa cualquiera de sus estancias, en el que su apetitosa carta conjuga naturaleza, técnica y emoción a partes iguales.
Los orígenes de El Invernadero de los Peñotes, están ligados a un centro de jardinería y vivero de referencia nacional ubicado en la carretera de Burgos, concretamente en Alcobendas, que alcanzó numerosos reconocimientos y galardones. Hoy, después de una década de historia, la impronta del cocinero Ramón Ramírez, quien en la década de los 80 atesoró dos estrellas en el restaurante madrileño El Amparo, junto con otros socios, se hace notar en su cocina talentosa, divertida y sabrosa, pensada para disfrutar sin prisas.
Nada más empezar, entramos en convulsión. Las propuestas para compartir son un auténtico escándalo. Desde la burrata sobre tartar de tomate y aguacate, las milhojas de sardina ahumada, queso San Simón y tomate o el queso Tomino al horno con mermelada de bacon y bourbon hasta el ravioli de burrata di Puglia con salsa de setas y vermut, la flor de alcachofa confitada con jamón y salsa romescu o la terrina de foie casero con compota de pera. En nuestro caso, comenzamos con un clásico de la casa y un manjar tan sencillo como su deliciosa ensaladilla ‘El Invernadero’, seguido de una espectacular lasaña fría de boquerones en vinagre con salsa de jalapeño, todo un juego de contrastes pensado para despertar los sentidos desde el primer bocado.
Siguiendo esta cocina de producto, sin filigranas innecesarias, sorpresa total con la originalidad de sus gyozas fritas de rabo de toro con salsa barbacoa coreana y las más que memorables pavías de bacalao con mayonesa kimchi.
La buena materia prima también se hace patente saboreando sus verdinas con txangurro, un platazo en el que la suavidad de la legumbre se une de forma armoniosa con la intensidad del crustáceo; sin perder nuestro interés por un gran clásico de la cocina madrileña como sus reconfortantes y apetitosos callos con una salsa de película, presentados con patatines. Respecto a su carta marina, entre sus grandes estrellas figuran merluza a la plancha con pisto manchego, bacalao al ajoarriero con huevo escalfado, ceviche de corvina con leche de tigre y mango verde y tartar de atún rojo con jugo de gildas.
De postre, nada mejor que una soberbia tarta fina de manzana con helado de vainilla o una impecable tartaleta de limón con merengue; a lo que puedes sumar si estás ansiosa de dulce una pecaminosa tarta árabe (oblea con crema pastelera y almendras, azúcar glass y liofilizado de frambuesa), milhojas de mousse de nueces, torrija ‘El Invernadero’, aro de chocolate y tiramisú o chocolate en texturas.
En el capítulo líquido, resulta muy interesante la carta de vinos por copas. Entre sus blancos, Chablis de Louis Latour (Borgoña) o Joaquín Rebolledo Godello (Valdeorras); tintos como Pago de Carraovejas (Ribera del Duero) o Cuvée Margot Olivier Leflaive (Borgoña); magníficos generosos como el palo cortado Leonor o la siempre apetecible manzanilla Solear y champagne Laurent Perrier La Cuvée.
El restaurante dispone de tres acogedores ambientes para disfrutar a lo largo del día, según tus planes. Desde el comedor de la entrada y otro comedor de fondo más formal hasta una zona de mesas altas ‘presidida’ por una sobria chimenea y como colofón, su impresionante terraza exterior con fuentes de agua fluyendo en preciosas tinajas de barro… No lo dudes, estás en el paraíso.
Precio medio: 50€







