Para muchos de los que la conocen, Terras de Trás-os-Montes es una de las regiones más bellas de Portugal y a su vez una gran desconocida. En el argot transmontano, “larpar” significa comer con mucho deseo. Y a eso nos hemos entregado.
Flechazo absoluto sentimos ante los manjares de Terras de Trás-os-Montes degustados en la reciente edición de Fitur. Magníficos productos que son fiel testimonio de las tradiciones, sabores y cultura de un territorio localizado al noreste de Portugal, conformado por los municipios de Alfândega da Fé, Bragança, Macedo de Cavaleiros, Miranda do Douro, Mirandela, Mogadouro, Vila Flor, Vimioso y Vinhais.
En estos terruños del cerdo donde también se aprovecha hasta los andares, teníamos ganas de probar sus afamados embutidos producidos de manera artesanal, como la alheira de Mirandela IGP (Indicación Geográfica Protegida), gran clásico del paisaje gastronómico luso hasta el punto de haber sido considerado como una de las 7 Maravillas de la Gastronomía Portuguesa. Se trata de un embutido ahumado, cilíndrico, en forma de herradura, cuyos ingredientes incluyen pan de trigo tradicional, carne y manteca de cerdo, pollo y aceite de oliva local, virtuosamente condimentado con sal, ajo y pimentón y/o guindilla. El salpicão, embutido de lomo de cerdo, también resulta tentador por su sabor intenso y textura firme; sin perder de vista la chouiriça de carne con sabor potente y textura fuerte pero quebradiza.
Con el marchamo de lo auténtico, otro capítulo gastronómico a destacar son sus sabrosísimos quesos, como el de cabra DOP Transmontano, el único con Denominación de Origen Protegida, elaborado exclusivamente con leche de cabras autóctonas serranas. Muy rico, sabor puro con regusto ligeramente picante, pasta semidura, textura agradable y aroma intenso; junto al queso de vaca y oveja curado con orégano o picante por llevar malagueta (guindilla).
Viandas acompañadas de unos panes espectaculares. Los hornos transmontanos generan sabores difíciles de olvidar como el del folar tradicional, pan relleno de embutidos (presunto, chorizo y bacon), elaborado con harina de trigo, huevo y margarina, con textura aterciopelada y una vida útil de nueve días completamente fresco; o el pan típico de higos, miel y frutos secos (nueces y almendras), de corteza dorada y miga oscura con trozos visibles de frutos secos. Dulce y afrutado, con notas tostadas propias de los frutos secos y de la miel, textura suave y esponjosa, con un toque crujiente. Ideal para quesos y mermeladas.
Asimismo la calidad de sus aceites de oliva virgen extra resulta indiscutible. En este viaje oleícola a la esencia del territorio catamos los multipremiados Arvólea Monovarietal de santulhana que se distingue por su aroma a hierba fresca, tomate verde, manzana, frutos secos, con suave amargor en boca; y el orgánico Olmais Premium, ensamblaje de las variedades autóctonas cobrançosa, verdeal y madural, pleno de armonía y persistencia.
Para maridar tanto disfrute comenzamos con un Quinta do Lombo Espumante, producido por Santa Casa da Misericórdia a partir de la variedades viosinho y gouveio. Un brut fresco, muy placentero, que se bebe sin pestañear. Seguimos con un blanco Terras de Mogadouro, ensamblaje de gouuveio, viosinho y rabigato, muy sutil, pleno de frescura, gran equilibrio y estructura. Para finalizar con el rosado Ninho da Pita producido con touriga nacional y tinta roriz, de boca amplia, fresca, sabrosa, con persistente delicadeza y buena acidez.






