Ruta gastronómica por la ría del Eo

Publicado el 5/09/2013 por Ángeles Cosano - Comentarios (0)

CASTROPOL

La ría del Eo, brecha marina entre Galicia y Asturias, atrae siempre por su belleza y tentaciones gastronómicas por descubrir.

Nos encontramos en la desembocadura fluvial del Eo, frontera con los predios gallegos, un paraje de una belleza incontestable. Verdes praderas, playas de arena fina, acantilados de media altura y una gastronomía con productos del mar de calidad sublime, junto a unas legumbres y hortalizas que forman parte esencial del cuore de la cocina de esta brecha en la que se adentra el mar separando Asturias de Galicia.

Una cocina indiscutiblemente marinera, donde las nécoras (andaricas), erizos (oricios), percebes, langostas, bogavantes, navajas, lubinas, sargos, rape (pixin) y, por supuesto, el pulpo, encuentran todo un sentido para el paladar sensible a los sabores auténticos y es proclive a la esplendidez en raciones y sabores. ¿A que ya te estás relamiendo? Apunta estas sugerencias, seguro que no te defraudarán.

CASTROPOL. Sobre una pequeña península en la ribera derecha de la ría se yergue esta deliciosa villa con aires decimonónicos, que requiere una visita indiscutible: Casa Vicente (Ctra. Gnral. s/n. Tel.: +34 985 635 051). Una extraordinaria demostración de que las recetas más sencillas pueden convertirse en auténticos manjares de la mano de unas fabulosas materias primas y unos puntos de cocción en pescados y mariscos encomiables. Simplemente por comer su salpicón de bogavante, sus croquetas de cabrales y cualquiera de sus pescados como el rodaballo o el sollo darás por más que recompensado el viaje.

 

TAPIA DE CASARIEGO. Sus múltiples estímulos culinarios convierten a este pueblo, inscrito con letras mayúsculas en la historia de la gastronomía europea –por él, según todos los referentes, entró el maíz americano, de la mano del capitán general de La Florida, Gonzalo Méndez de Cancio, en 1605– en el gran núcleo de atracción de la zona.

Y para empezar, nada mejor que desayunar –tampoco hay que descartar la posible merienda– en Pastelería Palermo, donde el maestro Miguel Sierra, un auténtico crack del oficio, ofrece un sinfín de delicias provocadoras hasta para los no adictos al dulce. Croissants esponjosos elaborados con mantequilla de vaca asturiana, napolitanas rellenas de chocolate cremoso, trenzas de cabello de ángel y aroma a canela, “molinos de hojaldre” con crema de almendra y perlas de chocolate o “carbayones” con crema de almendra, hojaldre de mantequilla y yema glaseada.

Además de especialidades de chocolate, micropasteles y un gran surtido de repostería artesanal elaborada con maíz tradicional y ecológico de cosecha propia. Te costará decidir.

A la hora del condumio, hay dos propuestas muy sugerentes:

Nordestada (El Muelle,1). Casa marinera convertida en un colorista bar de tapas, con una más que concurrida terraza, donde degustar raciones de queso gamonedo o cabrales, mojama de atún, auténticas anchoas del Cantábrico, empanadilla de zorza o una jugosa tortilla de bacalao, entre un buen número de sugerencias. Si vas al atardecer, aprovecha para contemplar la puesta de sol en el puerto. Resulta espectacular.

Palermo Restaurante –¡Ojo! No confundir con la pastelería del mismo nombre. Es mera coincidencia– en el que el chef Alfonso Santiago demuestra día a día su apuesta por una cocina de mercado plena de sutileza y frescura. Para salivar, valga como ejemplo, sus cornetes de centollo y huevas de pez volador, airbags de tortilla española y crujiente de manchego, el ragout de bogavante o el pulpo salteado con grelos y ali-oli.

EL VIEJO PESCADOREn materia de compras, no hay que olvidar la tradición conservera de pescado de Tapia de Casariego. Una tradición hecha realidad en la tienda El Viejo Pescador, donde Emiliano Álvarez González ejerce, desde hace 12 años, de perfecto anfitrión para adentrarte en una cuidada selección de conservas artesanas de bonito del Norte, anchoas del Cantábrico, mejillones en escabeche, caballa, sardinillas, paté de bonito y mejillones y un largo etcétera., con un precio medio entre 5-9€.

 

RIBADEO. Cruzando el ponte dos Santos que salva la ría se llega a esta vibrante villa gallega que encierra otra de las grandes maravillas para los amantes del dulce: el Convento de Santa Clara, en pleno centro de Ribadeo (Clemente Martínez Pasarón, 5. Tel.: +34 982 128 119), en el que sus hacendosas monjas clarisas hacen honor a una repostería artesanal digna de manos angelicales. En verano, la única pega es que el torno se mantiene cerrado en agosto.

Pero nos queda otro as en la manga. Probar unas crujientes y sabrosas empanadas de hojaldre en la Confitería La Candelaria (Viejo Pancho, 10. Tel.: +34 982 128 954). Atentos a sus “pastelones” de bonito, carne, berberechos, pulpo, pollo, zamburiñas, hornazo (lomo, queso, chorizo y huevo) o manzana, con un precio medio de 8-15€, según el tamaño.

En cuestión de comanda, un restaurante muy querido por los lugareños es San Miguel, al final del Puerto Deportivo. Su oferta se concreta en pescados y mariscos, sin muchas complicaciones, al ser la plancha o cocción los métodos de su elaboración.

Con fama de ofrecer el mejor pulpo a feira de Ribadeo está Casa Villaronta (San Francisco, 9. Tel.: 982 128 609). Es su plato estrella junto a los calamares. La buena relación calidad-precio justifica las largas colas para degustar estos clásicos platos.

Para adquirir productos de la tierra hay una dirección imprescindible: A Aldea de Manín (Rodríguez Murías, 3. Tel.: 982 129 673). Su dueño, Manín, lleva 14 años luchando por dar a conocer “lo mejor” de esta zona en legumbres (fabes pintas para estofar o blancas para hacer la fabada, así como verdinas), chorizos “de casa” –extraordinarios para guisar con dichas legumbres–, patatas de Galicia (A Mariña), tomates de Ribadeo, vinos gallegos a muy buen precio, mermeladas, chocolates… Un cúmulo de productos que entran por los ojos y no deja impasible a nadie.

 

ARROZ CALDOSO_ A COFRADIARINLO. Llegar a este diminuto pueblo marinero –que presume de la segunda cofradía de pescadores más antigua de España– es el mejor “broche de oro” para nuestra ruta. No solo por estar muy próximo a las espectaculares playas de Os Castros y As Catedrais, donde la naturaleza exhibe todo su sentido en la bajamar, al poder pasear bajo los arcos y bóvedas que las olas han esculpido en los bloques de pizarra y esquisto, sino por acudir al restaurante A Cofradía. Un auténtico lujo para el paladar a un precio imbatible. Su especialidad es el arroz caldoso de marisco (bogavante, langosta, langostinos y almejas). Ración para dos personas 30€, solo por encargo. Para hacer boca, nada mejor que unos percebes, berberechos al vapor o un revuelto de oricios con langostinos.Eso sí, no olvides reservar, sobre todo en verano.

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