Rueda, “alma” de la verdejo

Publicado el 9/10/2019 por Ángeles Cosano - Comentarios (0)

RUEDA_CEPAS VIEJAS

La DO Rueda se mueve, y muy bien, alrededor de una gran estrella, la uva verdejo. Fiel a un estilo y un carácter.

Ubicada en el centro de la submeseta norte de nuestro país, la DO Rueda es un punto de encuentro meteórico, ya que por su latitud queda en el ámbito mediterráneo, por su altitud es claramente continental y, sin embargo, la depresión del río Duero la hace bascular ligeramente de sur a norte, lo que permite las influencias atlánticas que prácticamente acaparan su escasa pluviometría.

Inviernos fríos y muy largos, primaveras cortas con heladas tardías y veranos calurosos y cruelmente secos, con una fuerte aportación de luminosidad e insolación. Precisamente en la gran diferencia de temperatura entre el día y la noche radica el secreto del equilibrio entre el azúcar que la uva verdejo gana con el sol y la acidez que no pierde gracias al frescor nocturno.

Sus tierras son pardas, pobres en materia orgánica pero ricas en calcio, magnesio y con una elevada concentración de cantos rodados, es terreno cascajoso, permeable y sano, que posibilita una buena aireación y drenaje. En definitiva, son arcillas que en plena canícula retienen humedad por lo que nunca se agostan, y en invierno preservan cierto calor y evitan que el suelo se hiele.

Fiel a su estilo herbáceo, amargo, con un toque afrutado algo dulce y potente alcohol contrarrestado por su excelente acidez, “el verdejo copa casi el 40% del mercado de vinos blancos en nuestro país, teniendo en cuenta que el consumo de blancos es del 27,3%”, argumenta Santiago Mora, director general de la DO Rueda. Y está en buena racha para seguir creciendo con su uva talismán, la verdejo; junto a otras variedades implantadas más tardíamente en la zona como la viura, sauvignon blanc y palomino fino, entre las blancas; o la tempranillo, dominante en tintas.

BODEGAS MENADE

Para vivir y criar en las mil veces resecas tierras del Duero es preciso tener casta. Y bien que la tienen los hermanos Sanz que, con cinco generaciones de viticultores y enólogos detrás, la sexta generación, formada por Richard como enólogo, Marco en viticultura, y Alejandra, responsable de exportación y comunicación, puso en pie en 2005 su propio proyecto, Menade en la localidad de Rueda, con un objetivo clarísimo: buscar una simbiosis con el entorno a fin de aprovechar sus recursos y cuidarlo con mucho esmero. Su primera vinificación fue en 2009.

De ahí que sustituyan los tratamientos químicos por infusiones de plantas, mantengan unos jardines de polinización colmados de plantas aromáticas donde insectos, esencialmente abejas, y reptiles se encuentran a sus anchas y se convierten en fieles aliados para la prevención de plagas, y además han creado un jardín poliespecífico con más de 40 especies autóctonas de Castilla y León con una serie de arbustos y árboles móviles a fin de mejorar la biodiversidad que puebla el viñedo. Todo ello en una zona marcada por una progresiva desertización, dadas las características climáticas de la zona; sin perder de vista las prácticas culturales poco respetuosas con el medio.

De sus 170 hectáreas plantadas de “verdeja”, nominación que les gusta rescatar de tiempos ancestros, un clon impecable y original con la piel más gruesa que la habitual, salen unos vinos, libres de alérgenos y de histaminas, los definen como ‘eco-lógicos’ a fin de reivindicar una evolución a partir de la esencia de las primeras generaciones. Su mejor exponente es el Menade Rueda Verdejo Ecológico 2018, elaborado a partir de cepas de entre 20 y 25 años de antigüedad, plantadas en diferentes parcelas con suelos arcillo-calcáreos y cantos rodados. Fiel representación del cariz más salvaje de la verdejo, su fermentación se ha llevado a cabo con levaduras naturales para obtener la máxima expresión del terroir. Seco, sabroso y con una acidez muy equilibrada con el alcohol, es una auténtica explosión de aromas a hierba fresca y plantas aromáticas como el tomillo, rico y goloso.

BODEGAS VIDAL SOBLECHERO

Con esta misma filosofía de respeto hacia el medio ambiente y la biodiversidad se mueven los hermanos Alicia y Vidal en su bodega Vidal Soblechero en la localidad de La Seca, hasta el punto de que éste último, un auténtico enamorado de la cetrería, todos los días utiliza un arco romano para hace volar sus cuatro halcones por el viñedo del proyecto Pagos de Villavendimia –de herencia familiar, con majuelos enclavados en terrazas de pedregal creadas por el Duero, con cepas muy viejas plantadas en vaso– a fin de ahuyentar estorninos, liebres o conejos que puedan dañar sus espectaculares racimos.

Siempre trabajan el viñedo bajo los parámetros de agricultura ecológica y orgánica, teniendo incluso higueras como indicadores biológicos dentro del viñedo y pequeñas construcciones de madera para que los insectos aniden y ayuden a tener un viñedo vivo y a la conservación del ecosistema.

Su verdejo procede de majuelos de más de 80 años, mientras que su viura, casi centenaria, está plantada en vaso. Junto a su más que amplio abanico de vinos blancos de pago bajo el marchamo de Villavendimia, llama especialmente la atención su elegante Alto Clavidor Camino de la Peña 2014, uno de los escasos tintos de Rueda, 100% tinta fina procedente de un viñedo plantado por su padre en terrenos con subsuelo calcáreo y cantos rodados en superficie, “el oro de nuestros majuelos”, en palabras de Alicia.

BODEGA HERRERO

Plantadas en suelo cascajoso y arenoso, las cepas viejas prefiloxéricas de la bodega Herrero en la pequeña localidad segoviana de Nieva –donde desde el siglo XII ya hay constancia de elaboración vinícola– se han ganado también a pulso ser un óptimo referente en el mapa vinícola de Rueda.

Hoy por hoy la familia Herrero Vedel gestiona 30 hectáreas de cepas viejas, de las que 15 alcanzan hasta más de un siglo. “Nuestro objetivo siempre ha sido el mismo de nuestro padre: seguir trabajando la viña día a día, mimar mucho la uva y cuidar las elaboraciones mediante procesos muy naturales”, señala Javier Herrero, hijo de José María Herrero González, uno de los firmes propulsores de la DO Rueda.

Entre su portfolio de propuestas, te encuentras con un blanco tan popular como el erre de Herrero Verdejo con olor a verdejo segoviano, de estructura compleja y carácter mineral. “Un vino joven, asequible y con una estupenda relación calidad/precio”. O el espectacular Robert Vedel Cepas Viejas, 100% viñas viejas de más de 80 años en su mayoría sobre pie franco, a 850 metros de altitud, la zona más alta de toda la DO Rueda. Audaz testimonio de la personalidad de esta tierra. Con una producción de 12.000 botellas es un verdejo limpio, fresco, redondo, y cargado de mineralidad. Puro disfrute.

BODEGA AVELINO VEGAS

Y de una bodega familiar a otra, la bodega Avelino Vegas en el pueblo segoviano de Santiuste de San Juan Bautista, controla más de 600 hectáreas de viñedo, gran parte de ellos plantados en vaso, sobre todo de verdejo de 50 a 70 años de antigüedad, junto a las variedades sauvignon blanc y viura.

En plena armonía con el hábitat medioambiental, la segunda generación de este clan comandado por Fernando Vegas y Ana Isabel Gómez pusieron en pie una nueva bodega en 2008 provista de la tecnología más avanzada y de un impactante “Corazón en boca”, espectacular escultura realizada por Cristóbal Gabarrón en homenaje al centenario del nacimiento de su fundador. Un precioso relato en torno al color de las uvas, el olor de las cubas y el honor de los corazones. “Cada uno de dichos elementos mantiene un significado que conecta las viñas y la bodega con el corazón y la pasión por el vino que siempre sentimos en nuestra familia”, subraya Ana Isabel.

De sus cepas centenarias de verdejo cultivadas a más de 800 metros de altura sale una exquisitez como Circe –nombre que rememora a la hija del sol, quien convertía a los hombres en animales según su naturaleza verdadera, protagonista de uno de los capítulos de La Odisea– Fermentado en barrica 2015, del que sólo se elaboran 6.000 botellas. Un blanco muy moderno fermentado en barrica nueva de roble francés, envolvente, tremendamente seductor, con mucha fruta blanca, muy elegante. Sin perder de vista el Circe Verdejo 2018, también elaborado con uvas de cepas viejas, vendimiadas a mano y una producción de 120.000 botellas. Una fresca explosión de aromas de frutas exóticas y flores blancas. Muy sugerente y todo un reto para acabar la botella.

BODEGA LA SOTERRAÑA

El Eresma, río que cruza la localidad vallisoletana de Olmedo, capitaliza la imagen de los vinos de La Soterraña, bodega creada por uno de los fundadores de la DO Rueda, Aníbal Asensio, para quien “el blanco tiene que ser aromático, equilibrado, con cuerpo, aunque delicado”. Como su elegante Eresma Plus, procedente del pago del Tomillar en La Seca, del pago de Mira al alba en Valdestillas y del pago La Vercera en Olmedo. Un blanco potente y sabroso, de enorme complejidad, elaborado con sólo 2.000 cepas y una producción exclusiva de 1.240 botellas. “Un vino como se hacía antes”, en palabras de Aníbal.

GRANDES GRUPOS VINÍCOLAS

El éxito de la identidad vinícola de Rueda y su potencial cualitativo también ha atraído a grandes grupos vinícolas que quieren formar parte del abanico que da aire al rueda del siglo XXI. Como la bodega Viore, del grupo centenario Bodegas Riojanas, asentada en estas tierras de Rueda en 2016; o Bodegas Ramón Bilbao que llegó un año más tarde al paraje conocido como Finca Las Amedias, a 770 metros de altitud sobre el nivel del mar, con sus depósitos de hormigón con forma de tulipa o sus barricas bordelesas de roble francés, americano y húngaro para conseguir alcanzar la complejidad aromática de sus vinos.

Un precioso enclave rodeado de 60 hectáreas de viñedo, donde el viaje como metáfora de evolución e innovación constante es su lema. Y para demostrar que aún quedan muchas asuntos que explorar y que aportar al mundo del vino, ahí está la joven enóloga Sara Bañuelos, directora técnica de Bodegas Ramón Bilbao Rueda, y su más que singular Lías Verdejo Edición Limitada, creado a partir de los viñedos más antiguos de la finca (5 hectáreas). Un blanco intenso y rico en matices de la verdejo, con notas de fruta cítricas, balsámicos y notas especiadas. Vendimiado por la noche para conseguir las condiciones ideales de la uva y fermentado durante ocho meses sobre sus propias lías en barricas nuevas de roble francés y húngaro, lo que le aporta su muy singular personalidad, en boca se muestra untuoso, cremoso y con una acidez muy fresca.

Para concluir este maravilloso círculo, qué mejor que con una primigenia en Rueda, el Grupo Yllera, uno de los grandes productores de esta comarca, donde ha visto la luz uno de los primeros vinos de la DO Rueda, el Viña Cantosán y un firme argumento enoturístico, denominado ‘El Hilo de Ariadna’, para descubrir la historia y el origen del vino en torno a diferentes episodios del mito del Minotauro.

Y hablando de sus vinos, no te puedes perder el Yllera Verdejo Vendimia Nocturna, elaborado a partir de cepas de verdejo de 20/30 años procedentes de la finca La Capitana, con fermentación en acero inoxidable. Una delicia en nariz, intenso y complejo, con aromas de fruta blanca y cítricos. Con cuerpo y amargor final propio de la verdejo.

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