Sigüenza para comer y dormir bien

Publicado el 16/02/2014 por Maite Corsín - Comentarios (0)

Sigüenza

Rastreamos el fondo de sus fogones y sus migas re-construidas, los corderos con mejor lumbre, boletus de temporada…

A tan sólo una hora y cuarto de Madrid y con parada de tren indispensable, no hay mejor plan para pasear, comer, dormir o volverse en un día que Sigüenza. La segunda ciudad más visitada de La Mancha después de Toledo, supone un recorrido en la máquina del tiempo para encontrarse con obispos medievales en su castillo, judíos sefardíes en las travesañas, renacentistas como el Cardenal Mendoza en su catedral, muertos vivientes como el Doncel, o espectadores de la rebelión de las masas antes de la Guerra en las tertulias de Ortega y el Conde de Romanones en La Alameda. Hoy Sigüenza se ha quedado petrificada en el tiempo, un estado de luces y sombras con el que no ha podido la industria y que mantiene incorrupto un recetario de guisos, carnes de cordero lechal, aves de caza, setas otoñales, pescados de interior y hierbas de monte. No es un ruta más, soy testigo de ella desde que nací y empecé a tapear y veranear también en los inviernos. Esta es mi ruta más personal y la que considero indispensable para comer, beber y dormir como un seguntino de pro.

 

DÓNDE DORMIR

EL PARADOR DE SIGÜENZAPlaza del Castillo, s/n (Sigüenza). El que tenga capricho de dormir en un castillo, no hay nada más espectacular entre los Paradores de España. Un castillo medieval del siglo XII reconstruido, antigua residencia obispal, con mobiliario castellano sencillo casi espartano, y simbólicas camas con dosel para dormir como un noble. Merece la pena echar un vistazo al patio del pozo para visitar sus imponentes muros de piedra, donde en su momento fue confinada la reina Blanca de Navarra. Cocina de parador bien lograda, con rica mezcla de hierbas, mieles y guisos de legumbres con caza.

El Molino de Alcuneza

EL MOLINO DE ALCUNEZACarretera Alboreca, km. 0.5, 1 (Alcuneza). Un sueño de casa rural, ni un hotel boutique ni un molino harinero, acaba de ser alzado al luxury del sello de los hoteles gastronómicos Relais & Châteaux. Quien desee alejarse del silencioso ruido de la villa de Sigüenza, tendrá que hacer una parada por este oasis de jardines, huerto propio, piscina y hasta spa. Blanca Moreno nos recibe siempre con enorme sonrisa y atenta a los detalles gracias a su espíritu zen, además de una inquieta buscadora de vinos artesanos que guía a los amantes de las mejores etiquetas. Su hermano Samuel en la cocina, revuelve el recetario seguntino para hacer platos personales y multicolores con carnes autóctonas, pucheros y bacalao. Sus desayunos caseros son un prodigio de la madre levadura. Palabras mayores y puro silencio reconfortante.

LA CASONA DE LUCIA. Bajada de San Jerónimo, 12 (Sigüenza). Si uno es de casa rural con encanto y a precios más comedidos que los de El Molino de Alcuneza, muy recomendable es dormir en esta casita medieval llena de detalles elegantes, a la entrada de Sigüenza, justo en el barrio del Arrabal. Los dueños tienen a gala que uno se sienta como en casa, un bonito recuerdo de la hospedería regentada por sus abuelos.

 

DÓNDE TAPEAR

BAR ALAMEDA. Paseo de la Alameda, 2 (Sigüenza). En la misma acera del restaurante El Doncel, se encuentra el templo del picoteo en Sigüenza. Una barra sin final de tapas sabrosas, creativas a la donostiarra, con respeto a las locales: las migas, los perdigachos (anchoas en salmuera con una capa de alioli o tomate), los tigres, o las gambas en gabardina. Se pueden acompañar con el “fino seguntino”, un combinado de aperitivo a base de cerveza, gaseosa y vermú que entra fino como el agua.

Taberna La Alameda

SANCHEZ. Humilladero , 11, (Sigüenza). Sus empanadillas hojaldradas y croquetas se elaboran como hace dos generaciones, con masa casera y rellenos secretos de abuela, como sus tigres de bechamel clarita y sofrito de tomate. Su comedor coqueto recuerda a las casas de comida castizas, un remanso de buen gusto y un sitio pacífico para comer platos de cuchara de siempre, como las judías con perdiz, los callos, una buena menestra y algunas recetas trasnochadas “cum laude” como la lengua en salsa, el potaje de vigilia, los calamares en su tinta, el congrio en salsa verde y las codornices en escabeche.

TABERNA GURUGÚ DE LA PLAZUELA. Travesaña Alta, 17 (Sigüenza). Callejeando por las calles empedradas de la vieja judería, y en plena plazuela de la Cárcel, un pequeño local que respeta la decoración medieval y se especializa en tapas de setas. De todas las especies y condición. Sin perder de vista las raciones compartidas de rabo de toro, ragout de ciervo o buñuelos de bacalao. Sus emblemas medievales les hacen ser muy jugotones. Por eso han introducido unas recetas con espelta y trigo engrillo a punto de extinción.

 

MIGAS “IN” Y CORDERO A BAJA TEMPERATURA

NÖLA. Mayor, 41 (Sigüenza). Una feliz novedad de alto copete para una ciudad pequeña con abuso de torreznos y cabrito. A un paso del Castillo-Parador, la pareja discreta de gastrónomos llegados del Pais Vasco se dedican a comportarse como taberneros finos y llenan las mesas de madera de aire nórdico con raciones de temporada re-construidas a partir de las recetas de la tierra: canelones de trufa, migas con papada de ibérico y huevo cocinado a baja temperatura, arroz meloso de ciervo con crema de ajetes, cordero asado y deshuesado con risotto de quinoa y aromas de monte. O a levantar el alma dulce con una imponente (por sabor y altura) torrija caramelizada con helado de café. El menú compartido no nos sale por más de 35€. 

Torrija en Nöla

EL DONCELPaseo de la Alameda, 3 (Sigüenza). Con vistas a la preciosa Alameda señorial, este hotelito de 18 habitaciones es moderno y respetuoso con la casona de piedra que le alberga. El restaurante regentado por Enrique Pérez es de lo más contemporáneo de la zona, con visos de seria tradición hostelera. De hecho ha sido premiado entre las cocinas manchegas como mejor empresa turística 2012 por la CEOE. Un paquete integral que huele a buena bodega de vinos locales y más allá –gracias a Eduardo, su hermano–, a platos inauditos en la zona como los quesos artesanos, un solomillo de ternera, aceite de carbón y regaliz, callos de bacalao en guiso de garbanzos o manitas de cerdo rellenas de hongos y salsa de trufa. La sesión culinaria con vino puede salir a 60€.

El Doncel

CALLE MAYOR. Mayor, 21 (Sigüenza). La señorial calle Mayor que nos lleva al Castillo es un paseo sin prisas y en cuesta empedrada de tiendas de muebles, cerámica del pueblo de Pozancos y decoración medieval. Este local es un acierto seguro para comidas bien servidas y probar platos clásicos llenos de aromas a matorral del pinar, sesitos de cordero, un cabrito siempre en su punto, y creaciones más modernas introducidas en sus entrantes: borrajas con muselina de langostino, atún de almadraba ahumado o sus deliciosas croquetas de ajoarriero. Es recomendable dejar hueco para su tarta tatin o su flan de calabaza con moras. Sus platos se repiten en su segundo restaurante establecido en la idílica Casa del Doncel, un espectáculo emocional en las noches de verano. Un menú que nos calma el alma a no más de 40€.

Las migas de Nöla

 

CODORNICES Y MIGAS POPULARES

EL MOTOR. Avda. Juan Carlos I, 1 (Sigüenza). Una institución hostelera en la zona que conserva a duras penas su último local de banquetes en la entrada de la ciudad. Su cocina postula por los pucheros de siempre, escabechados, buen cordero por encargo y platos afrancesados de cuando Sigüenza era comedor de ilustres de Madrid. Un menú comedido a no más de 30€.

LA GRANJACarretera Sigüenza-Medinaceli, Km 5.9 (Alcuneza). A las afueras hacia Alcuneza, el comedor por antonomasia de las familias largas de Sigüenza. Sus pinchos, premiados en los concursos gastronómicos de la ciudad, resultan muy divertidos para abrir bocado, pero aquí se continúa entre raciones siempre en su punto de migas con uvas y torreznos, ensalada de perdiz escabechada, su tradicional conejo al ajillo y sus manitas en salsa. Un recorrido gustoso de 24€ por persona.

 

LAS MECAS DEL CABRITO

EL MESÓN. Seminario, 14 (Sigüenza). En la calle del antiguo Seminario, se esconde un buen sitio para comer cabrito y cordero de la zona con un abundante plato de migas de entrada. Su hostal, bien decorado, tiene siete habitaciones hasta con hidromasaje en pleno corazón catedralicio. Su terraza de verano con vistas a los jardines de las casas del barrio barroco merece la visita. 

Restaurante La Casa de El Doncel

MESÓN LA CABAÑA. Carretera Alcolea – Aranda, 0 (Palazuelos). Hay que coger carretera hacia Palazuelos-Atienza para llegar a este templo de cazadores de los cotos de la zona desde que comienzan las berreas otoñales. La nueva generación conserva el horno de leña para hacer un cordero con agua y sal y ricas chuletas de palo de cabrito entre entradas de setas de cardo y boletus, en un marco auténtico de puro asador tradicional manchego. Ahora existe la posibilidad de dormir en su finca en apartamentos bien acondicionados.

 

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